una conversación en el súper

delante del mostrador de casquería, aunque un poco apartado de los clientes que esperaban ser atendidos, piensa, sin hacer mucho caso a lo que ocurrìa a su alrededor ... carrillada estofada, sangre encebollada con tomate, riñones al jerez, criadillas rebozadas ... no estaba muy seguro de qué llevar para acompañar a las patatas fritas con pimientos, porque este fin de semana espera a sus hijos para comer en casa

de entre los que esperan, un matrimonio mayor se ha separado del grupo, el hombre se dirige a él con gesto sereno y cordial

no se acuerda de mi?

pues no le voy a engañar, no tengo ni idea, responde un tanto azorado, con la sensación de estar defraudando la confianza, tímida pero sincera, que ha percibido en su interlocutor inesperado, como si hubiera sido cogido en falta

... yo estuve trabajando muchos años en la casa de sus padres cuando ustedes eran pequeños, hace ya mucho tiempo de aquello ... se explaya en los recuerdos que le vienen a la memoria ... su padre era un buen hombre, arreglaba muy bien el campo, le gustaba tener sus cosas bien atendidas ... ya casi al final de la conversación dice con naturalidad, sin una pizca de malicia, como si fuera algo obvio pero a la vez extraño, muy extraño ... me acuerdo muy bien de que los metían en las cuevas como castigo y nosotros oíamos lo que lloraban, y la muchacha los sacaba de allí porque no aguantabamos oír los gritos ...

aturdido, su mente se paralizó, no fue capaz de reaccionar ... si, si, es cierto, nos encerraban en las cuevas ... era un recuerdo profundo, una memoria obscura, sucia, borrada, o eso creia él, pero que sin embargo permanecia en lo mas insondable de su ser ...

... que podíamos hacer unas criaturas con tan pocos años para merecer ese castigo ... pensó sin encontrar respuesta

ramón ruiz valdepeñas

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